My father’s wrinkles

Alfonso Almendros
Petrer (Alicante)
1981


Desde Petrarca hasta hoy, la experiencia artística del paisaje tiene la marca de la subjetividad. Para su existencia como género es necesaria la presencia de un observador capaz de experimentar de manera consciente un fragmento de la naturaleza como un fenómeno bifocal: como un territorio empírico y como un fragmento del alma. La conexión entre ambas partes es fundamental para llevar a cabo dicho proceso. Por lo tanto, para la existencia del paisaje como obra de arte es necesaria una interación emocional entre un observador y un espacio que es observado.

Como aquel investigador en busca de evidencias de la existencia pasada de agua en la superficie de la luna, My father’s wrinkles propone un viaje a los origenes de la memoria autobiográfica. Partiendo de la incapacidad del ser humano de recordar episodios de su vida anteriores al desarrollo del lenguaje hablado, este trabajo construye un estudio detallado del paisaje lunar y su cartografía. Un mapa es una representación simbólica de la realidad y, debido a su caracter bidimensional, está completamente ligado con la imaginación. Es un código que, como las letras del alfabeto, representa elementos reales pero cuya interpretación está fuertemente ligada a la subjetividad de la persona que lo descodifica.

“Un mapa simboliza un deseo de encontrar o localizar cosas”.

Esta enunciación es el punto de partida para crear una reflexión sobre la temprana muerte de mi padre y mi incapacidad para encontrar imagenes de él en mi memoria. El concepto de distancia, entendido aquí desde una doble perspectiva temporal-geográfica, es el eje conductor de una búsqueda encaminada hacia remotas distancias de la memoria. Crear una imagen mental sobre una persona a la que no hemos conocido equivale a intentar imaginar un paisaje o espacio que nunca hemos contemplado. En ambos casos su existencia solo puede ser confirmada desde una perspectiva dogmática de la realidad. Tenemos imagenes y testimonios que demuestran su existencia, pero incapaces de encontrar testimonios visuales propios, debemos recurrir inevitablemente a la subjetividad para crear nuestra propia imagen de aquella persona o espacio. Luna y Padre son elementos análogos en este ideario. Ambos familiares pero igualmente distantes. Solitarios y silenciosos. Ambos sometidos a una especie de exploración en búsqueda de certezas que solo pueden ser alcanzadas a través de la interpretación y vaguedad.


Alfonso Almendros es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Valencia, estudió Fotografía Artística en la Escola D Art i Superior de Disseny de Valencia. A su formación académica se añade una estancia anual en el Alma Mater Scriptorum di Bologna, donde estudió D. A. M. S. Arte y otra, en el Departamento de Fotografía de Moholy-Nagy University of Art and Design of Budapest.

Su trabajo ha sido seleccionado y premiado en diversos festivales internacionales y convocatorias como en Emergentes DST 2013, en el Voies Off Prize 2012 (Rencontres du Photographie d Arles), en el Grand Prix Fotofestival 2011 o en el II Premio de Artes Plásticas de la Universidad de Castilla la Mancha.

Entre 2013 y 2011 su obra fue expuesta en India Art Fair 2013 en Nueva Delhi, el Festival Voies Off de Arles Epicentre, Estampa 2011 y 2012, en el 10th International Festival of Photography in Lodz (Polonia), en el Centro de Arte Contemporáneo Las Cigarreras (Alicante) y en la galería española InversArt Gallery.


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